Los juegos circulares, continúan moviendo la energía.

El espectador participa mirando, pero carga el ambiente de energía necesaria para que el artista continúe «circulando» dentro del limite de tiempo que es el del propio tiempo del espectáculo. Ese equilibrio desequilibrio hace «rodar» la fantasía.

El erotismo con que el artista adorna sus habilidades son como las plumas coloridas de los pájaros en estado de celo.
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