Detrás de los relojes, están los días pasados; calmos o tempestuosos.
Nosotros, los tejedores de ilusiones descubrimos que los botones necesitan un ojal para poder «atrapar» y sostener a la presa, que nuestra fantasía ha liberado.
Este juego mágico atrae y atrapa a los participantes de esta danza eterna entre el hombre y la mujer, que es la seducción.

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