Pasó el calor, y tras él los pibes con pelotas de colores, atrás las maestras aplacando la temperatura, con helados derretidos...

...pero la esquina de José (Bar El Progreso, Thames y Charcas, en Palermo) en marzo es como comenzar las clases.

«Pasé a ver si están». Los amigos de siempre, esos que uno ni conoce pero que en lo de José nos saludamos. La esquina es como un refugio en medio de un torrente de gente que va de un lado a otro, cada uno portando su lenguaje, su pensamiento, su charla.

«...Georgi me dijo que tenías algo para ella».

«Ah, ...sí, tenemos que “juntarnos” para armar el espectáculo de Circo Burlesque. Un nombre podría ser “el Jardín de las delicias” ...o los “caminos del deseo”...»

Cuántos nombres... infinitos, van naciendo sobre este cuadrado de madera en medio del río de las preocupaciones.

Dos tetas envueltas en tela negra empujadas por poderoso culo me distraen.
Un carrito con heladero pasa. Otro carro de cartonero se para en la estación de servicio y espera.
Es una tarde de marzo tan escolar que hasta las «Chichis» parecen alumnas de la escuela.

Y todos son conocidos en esa esquina del Bar el Progreso y todos somos desconocidos.
La vida es un bello río de sueños.




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